No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba. Lucio Anneo Séneca.

Mantenía su mirada firme y retadora frente a la mía. Quería que yo creyera que era sólo una adversidad. Pero se sabía derrotado. Todas sus armas se habían perdido en la batalla.
Sin embargo, su gesto no invitaba al perdón.
Por eso decidí rematar su fracaso dándole la espalda y alejándome.
Lo dejé solo e inerme. Le quedaba su orgullo mancillado.
Ya no tenía a nadie a quien mostrar ni siquiera su humillante derrota.


Texto: MQhHG